jueves, 19 de febrero de 2015

Frankenstein y las ancas de rana

"Me preparé para múltiples contratiempos; mis tentativas podrían frustrarse, y mi labor resultar finalmente imperfecta. Sin embargo, me animaba cuando consideraba los progresos que día a día se llevan a cabo en las ciencias y la mecánica; pensando que mis experimentos al menos servirían de base para futuros éxitos".
Mary Shelley. "Frankenstein" (1818), capítulo 4.



Este fragmento describe perfectamente el día a día de cualquier científico: incluso los experimentos que salen mal sirven para saber qué no funciona y qué no hacer la próxima vez, contribuyendo así a éxitos futuros (y menos mal, porque si no tendríamos todos los que nos dedicamos a esto una depresión de tres pares). 

Recuerdo pasarme mi primer año de tesis frustrada porque nada de lo que intentaba en el laboratorio salía. Hasta la fecha, ha sido mi año menos productivo en cuanto a resultados -ninguno, cero patatero-, pero sí fue de utilidad para acotar el terreno, saber por dónde no ir y qué no funcionaba. Lo cual no sólo fue útil para mí sino para que los investigadores en el mismo tema que viniesen detrás no perdiesen el tiempo -ya lo había perdido yo por ellos! Descubrir lo que no es, qué no cura una enfermedad, qué estrella no gira alrededor de qué planeta o qué mecanismos no están implicados en el desarrollo de un cáncer, también es una forma de descubrimiento, y algo así fue lo que pasó con los experimentos de Galvani: a pesar de (o gracias a) estar equivocado, se inventaron las primeras pilas y baterías; sus estudios, además, no solamente inspiraron a otros científicos sino también la creación de uno de los personajes más famosos de la literatura. 

A mediados del siglo XVIII, muchos científicos se esforzaban en comprender y estudiar la electricidad, ya habían aprendido a generar electricidad estática y también sabían que producía espasmos y contracciones musculares en animales vivos. En 1781, tras diseccionar una rana, el médico Luigi Galvani tocó un nervio de una de las patas con un escalpelo que había estado en contacto con una máquina de electricidad estática, y la pata se movió. Repitió este experimento varias veces, siempre con el mismo resultado, y Galvani llegó a la conclusión de que podía hacer que la pata de una rana "saltara" al tocarla con un metal cargado electrostáticamente. Al poner cada extremo de la pata en contacto con un metal diferente, vio que los músculos de la rana seguían moviéndose. Dado que para realizar sus experimentos había construido un dispositivo en el que los dos metales estaban unidos en forma de arco, dedujo que éste funcionaba como conductor de la electricidad que ya existía dentro de la rana y a la que bautizó como "electricidad animal".


Los experimentos de Galvani

Posteriormente, otro científico, Alessandro Volta, pensó si no sería al revés y si la electricidad residiría en los metales, actuando la pata de rana como mero conductor. En efecto, cuando la reemplazó  por un disco de cartón empapado en agua salada, vio que el resultado era el mismo y que lo que conducía la electricidad era la solución salina. Al apilar discos de diferentes metales, separados entre sí por agua salada, creó la primera pila. Hoy en día sabemos que la pila voltaica funciona porque los diferentes metales se transfieren electrones entre sí utilizando el agua salada como medio (electrolito); que las patas de rana, al contener electrolitos, cumplían la misma función que el agua salada en la pila, y que el hecho de moverse cuando pasaba la corriente se debía a que la electricidad juega un papel en la contracción muscular. Pero en aquel momento había mucha controversia sobre el tema entre los partidarios de Galvani y los de Volta, que no se ponían de acuerdo.

El sobrino de Galvani, Giovanni Aldini, que apoyaba a su tío, se dedicó a hacer experimentos análogos a los de la rana pero con otros animales, y a viajar por Europa demostrando las aplicaciones médicas de la electricidad y mostrando cómo podía hacer que incluso cadáveres humanos se moviesen utilizando el mismo método que había previamente usado con animales, lo que convenció a mucha gente de que los cuerpos muertos podían ser reanimados aplicándoles electricidad. Estos experimentos se veían como la demostración de que la frontera entre la vida y la muerte no estaba tan definida como se creía hasta entonces, y que, a pesar de que no había remedio para la "muerte absoluta", había otro tipo de muerte, la "muerte incompleta" que hasta entonces no se conocía pero que a partir de entonces podría ser "curada" con las nuevas técnicas disponibles. Lo cual causó en la gente tanta esperanza como estrés ante la posibilidad de ser enterrados sin estar muertos de todo.


Perros, vacas, señores... nadie se libraba de los experimentos de Aldini

Este tema de la reanimación de cadáveres gracias a la electricidad interesaba mucho a Mary Shelley y fue una constante en sus conversaciones con Percy Shelley y Lord Byron durante su estancia en Villa Diodati en el verano de 1816. Los Shelley, Lord Byron, su médico y una fan de Lord Byron que quería trajinárselo (y acabó haciéndolo, yeah) pasaron en Suiza las vacaciones más productivas de la historia de la literatura reciente -y desde luego las que yo más habría deseado ver por un agujerito. Como el tiempo era una mierda y no había muchas más opciones que estar en casa, darle a las sustancias y dedicarse a la tertulia científica y literaria, Lord Byron organizó un concurso de relatos de miedo gracias al cual Mary terminó escribiendo "Frankenstein" y John Polidori "The Vampyre", que años después sirvió de inspiración para "Drácula" de Bram Stoker. Pero esa es otra historia -que me fastidia no poder contar porque se supone que este es un blog de ciencia... 

Siempre me ha encantado no solamente la historia que cuenta Mary Shelley en su libro sino su manera de contarla, que dentro de las limitaciones y conocimientos sobre la electricidad que había entonces, resulta cientifícamente muy precisa.  La electricidad y sus posibles aplicaciones médicas son la base de "Frankenstein"; de hecho, Mary y Percy creían en la reanimación de cadáveres gracias a la electricidad hasta el punto de que ellos mismos relataron cómo su hijo de tres años, después de "morirse", fue devuelto a la vida durante cuatro días gracias a la destreza de un médico que le aplicó electricidad, tras los cuales le sobrevino la muerte absoluta. 


El Doctor Frankenstein, dándole la chispa de la vida a su monstruo

De la misma manera, el monstruo que Frankenstein construyó con trozos de cadáveres humanos, cobró vida gracias a las técnicas más avanzadas que los científicos estaban estudiando y dando a conocer en aquel momento. Esto hoy en día suena mucho más increíble de lo que sonaba cuando el libro se publicó por primera vez, porque ahora sabemos que la electricidad nunca podrá reanimar a un cadáver, pero en aquel momento, no sonaba tanto a ciencia ficción como a algo que no tenía tanto de increíble. La ciencia que aparece en el libro es precisa y está muy bien descrita, del mismo modo que años después se escribirían libros con base científica consistente sobre otros temas. Tras la electricidad, técnicas como la clonación y la robótica se han utilizado en la literatura como medios para crear seres vivos hechos a medida, y el hecho de que estas aplicaciones sean imposibles no impide que la ciencia descrita en ellos no sea consistente.


Más sobre lo que ocurrió en Villa Diodati

Más cosas sobre la ciencia de Frankenstein

Los experimentos de Giovanni Aldini

Y por el amor de Black Jesus, si no lo habéis hecho, leed el libro!

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