martes, 10 de febrero de 2015

En qué se parecen una guillotina y un diccionario de inglés


La palabra inglesa “mesmerize”, que significa "fascinar" o "hipnotizar" en sentido figurado, se la debemos al señor Franz Mesmer (1734-1815), un médico que vivía en Viena y que en 1767 escribió una tesis sobre la influencia de la gravedad de los cuerpos celestes en la fisiología humana, segun la cual, los movimientos del sol, la luna y los planetas ejercian una influencia sobre la el cuerpo humano que era análoga al influjo de la luna sobre las mareas y que sería la explicación de muchas enfermedades. 

Tras leer cosas sobre los experimentos clínicos con imanes que estaban tan de moda entonces y que (supuestamente) estaban teniendo éxito, decidió probarlos él mismo con sus pacientes. Para ello diseñó un cacharro enorme de madera y metal alrededor del que colocaba a los sujetos de turno conectados con un cable -sujetos que  siempre sufrían de visiones y alucinaciones horribles que, por supuesto, Mesmer era siempre capaz de curar-. Mesmer pensaba que el magnetismo era una forma de gravedad, así que concluyó que lo que ocurría al someter a sus pacientes a la fuerza de los imanes era que de alguna manera estaba creando un mini campo gravitatorio que, por lo tanto, influía en el cuerpo humano. Poco después afirmó haber descubierto una forma de magnetismo previamente desconocida, el “magnetismo animal”, que suena a anuncio de colonia cutre, pero es que en latín “anima” significa “alma” y la cosa iba más por esos derroteros. A pesar de que el alma no era una cosa física, el magnetismo que ésta ejercia sí lo era y tendría evidentemente un efecto físico sobre el cuerpo humano similar al de un iman, si lo controlaba un medico con la formación adecuada. Así que a partir de entonces Mesmer dejó de complicarse la vida con imanes y empezó a curar a sus pacientes directamente con las manos mientras los miraba directamente a los ojos, metodo que siempre dijo que le daba muy buenos resultados. 


               El cacharro de Mesmer, con el que a tanta gente curó hasta que descubrió que sus manos tenían poderes



Estas prácticas poco ortodoxas terminaron por darle muy mala fama en Viena y se vio obligado a emigrar a París, donde no solamente fueron muy bien acogidas por gente enferma sin otras opciones, sino por miembros de la alta sociedad sanos, de esos con demasiado dinero y pocas cosas que hacer, en parte gracias a las convulsiones e incluso “trances” que algunos de los pacientes sufrían durante las sesiones. Y allí sus consultas ya se convirtieron definitivamente en performances más que en otra cosa. A pesar de haber anunciado en un principio que la “curación magnética” podía llevarla a cabo cualquier médico con la formación adecuada, Mesmer no sólo mantenía los detalles de su método en secreto sino que empezó a aparecer en escena (literalmente, porque comenzó a curar en teatros ante el publico) en la semioscuridad, mientras se quemaba incienso, vestido de mago con una túnica con estrellas y simbolos de alquimia bordados, y hasta con una varita mágica en la mano en ocasiones especiales (no, no estoy de coña). Los ataques, risas histéricas, gritos y vómitos de los pacientes indicaban que estos estaban curados, y el espectáculo finalizaba con Mesmer tocando musica en una armonica de cristal. Que lo de la armónica de cristal es otra, otro día os hablo de ella porque su historia también es una risa. 

Una comisión formada por Guillotin, Lavoisier y Benjamin Franklin entre otros (sí, Guillotin el de la guillotina, Lavoisier el químico y Benjamin Franklin-Benjamin Franklin) investigó a Mesmer y sus métodos y declaró en 1785 que las curaciones se debian a la “imaginación” de los pacientes -lo que hoy llamaríamos efecto placebo- ya que si la terapia se efectuaba sin que los pacientes se dieran cuenta, ni nadie entraba en trance ni nadie se curaba. No deja de ser gracioso el hecho de que Benjamin Franklin, además de haber sido uno de los fundadores de los Estados Unidos y de formar parte en comisiones de estas, tambien fuese el inventor de la armónica de cristal que tanto le gustaba a Mesmer. 




Mesmer en acción

La verdad es que yo pienso que este hombre, igual que muchos vendedores de humo hoy en día, realmente creía en lo que estaba haciendo... sólo que esto le duró poco. En los siglos XVIII y XIX se experimentó mucho con cosas que hoy nos parece mentira que se llegasen a plantear, pero en aquel momento había que probar por si funcionaban y se trataba de descubrir cosas. Con lo cual, llegar a hipótesis como que el magnetismo es una forma de gravedad o que el alma produce magnetismo me parece maravilloso, aunque más tarde se demuestre que no es cierto. Pero algo muy poco científico ocurrio cuando Mesmer empezo a disfrazarse de mago y a quemar incienso en público.

Su reputación siguió disminuyendo cada vez más, no sólo ante la comunidad científica sino ante mucha gente con dos dedos de frente que, por ejemplo, bromeaba sobre los peligros de dejarse hipnotizar por Mesmer sin saber cómo de sucias eran sus intenciones. Pero la popularidad del método siguió creciendo por toda Europa, en parte precisamente gracias a todo aquello que los científicos criticaban: la puesta en escena, la magia, las fuerzas ocultas, el "método secreto" y los ataques que sufrían los pacientes. De repente empezaron a salir de debajo de las piedras supuestos alumnos de Mesmer que habían aprendido sus técnicas directamente con él, y todos gozaron de bastante éxito durante unos cuantos años.



Caricatura de Mesmer, representado como un burro con los bolsillos llenos de dinero, hipnotizando a una paciente con todo su magnetismo animal y oscuras intenciones de llevársela al huerto


Hay cosas que nunca cambian... Vestirse de mamarracho que supuestamente cura a la gente y que te paguen por ello es una.

Pero qué cojones, también hay muy poca gente que tiene una palabra derivada de su nombre en el diccionario.



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Podéis leer más sobre Mesmer y sus seguidores en mi querido libro "Hidden Histories of Science", editado por Robert B. Silvers.Más sobre la armónica de cristal aquí.

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